Digamos que hace unos días conocí a un hombre que, inicialmente, creí que estaba destinado a ser sólo mi amigo. Era demasiado mayor que yo (según mis estándares), no seguía el famoso patrón, no era intelectual, ni artista, ni desmadroso, ni algo infantil. Era un hombre hecho y derecho.
Digamos que me dijo que me quería. Digamos que yo me asusté, como dijo mi psicólogo que lo haría. Digamos que casi casi salgo corriendo.
Pero no lo hice…
Digamos que ahora estoy sorprendida de haber roto el patrón, de que el psicoanálisis no haya tenido la razón y de que la vida me haya puesto a este hombre en el camino.
Digamos que ahora estoy muy feliz.
Digamos que Freud puede irse a la chingada, al menos por lo pronto.
Digamos que romper el patrón es abrirse a nuevas experiencias.. y digamos que por ahora, te encanta! disfrútalo mientras esté ahí, vívelo, gózalo.
Digamos que nada es para siempre pero “siempre” queda en el recuerdo y marca nuestras vidas.
Digamos que así es el amor, aunque se oiga muy muy cursi. Sí, no sigue patrones de ningún tipo y nos tiene felices no sabemos a ciencia cierta por qué.
Digamos que el psicoanálisis esta un tanto cuanto rebasado por otras corrientes y que se ha mostrado que lo importante es la persona, no los patrones
Saludos
Todos tienen razón. Sólo esa parte de “nada es para siempre” es la que no me gustó. Me gusta pensar lo contrario.
Qué gusto encontrarte, mi querido PBejarano! Y tú sabes de qué hablas porque si mal no recuerdo eres terapeuta. Ya te llamaré a hacer una cita, jejeje.
Besos!
si, me gustaría saludarte, más que hacer terapia