Fantasmas

17 06 2008

Hoy un amigo me contó que tiene un fantasma en su casa. Que lo escucha en su recámara haciendo ruidos extraños y que lo vio en el baño afeitándose. Pudo verlo tan bien que hasta sabe cómo es: un hombre de mediana edad, con barba estilo candado, un poco gordo. La navaja de afeitar hacía “ris, ras” mientras el fantasma lo miraba fijamente a los ojos.

Mi amigo me llamó para preguntarme qué debe hacer con el fantasma. Teme que esté instalado en su departamento y que no quiera irse.

Mi querida C, la más bruja de mis amigas (¡y eso ya es decir!) y la que siempre me ha sacado de estos apuros con el mundo del “más allá”, dice que los fantasmas están atorados en el mundo de los vivos por alguna razón. Dejaron algo inconcluso o sin decir. Algunas veces, simplemente están y ni ellos mismos saben por qué. Quedan tan confundidos que deambulan por ahí y se pegan a los seres de luz que encuentran, en la mayoría de los casos, niños o gente muy sensible.

C es experta en ahuyentar fantasmas y en conducirlos nuevamente al mundo de los muertos. Tiene técnicas muy especificas y muy certeras para hacerlo.

Hoy creo que son preferibles esos fantasmas a los que nosotros nos creamos en la mente, que son mucho más difíciles de ahuyentar.


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