Psicoanálisis 2

1 06 2008

Digamos que hace unos días conocí a un hombre que, inicialmente, creí que estaba destinado a ser sólo mi amigo. Era demasiado mayor que yo (según mis estándares), no seguía el famoso patrón, no era intelectual, ni artista, ni desmadroso, ni algo infantil. Era un hombre hecho y derecho.

Digamos que me dijo que me quería. Digamos que yo me asusté, como dijo mi psicólogo que lo haría. Digamos que casi casi salgo corriendo.

Pero no lo hice…

Digamos que ahora estoy sorprendida de haber roto el patrón, de que el psicoanálisis no haya tenido la razón y de que la vida me haya puesto a este hombre en el camino.

Digamos que ahora estoy muy feliz.

Digamos que Freud puede irse a la chingada, al menos por lo pronto.





Lo público y lo privado

16 05 2008

¿Cómo lidiar con lo público y lo privado en un blog? Eso me empecé a preguntar hoy, después de que ayer publiqué un post contando una historia muy personal y después me arrepentí y lo borré (algunos visitantes tuvieron chance de leer la historia y la mayoría no, por suerte).

Lo borré porque me acordé que mi papá leía mi blog… y me dio pena (vergüenza) de lo que contaba en ese post. Era una historia sobre un chavo, sobre la lujuria y el romanticismo, sobre la frustración y sobre un pasaje de avión que nunca compré… en fin, nada muy grave, pero no sé por qué me incomodó que MI PAPÁ estuviera tan al tanto de mi vida íntima.

No me importa que los desconocidos lean sobre mi vida íntima, pero ¿mi papá? ¡Por Dios!

Y es que ayer fui al cine (en mi día sin hijo) a ver una película coreana con mi amigo Manuel Ulloa y justo, justo, la historia tenía que ver con eso. Bueno, no exactamente, porque trataba sobre dos chavitas que se prostituían y del padre de una de ellas, que se desquiciaba cuando se enteraba de esta doble vida de su hija adolescente.

Y no, no es para nada el caso, jajajaja. Pero lo cierto es que me puse a pensar y de regreso del cine borré rapidito el post. Eso de que mi padre vea que su hija es una lujuriosa y que está dispuesta a hacer algunas locuras debido a eso, no creo que sea bueno.

También me pasó hace poco que salía con un chavo y que un día (¡gravísimo error!) me puse a leer su blog. Y resulta que a través de su blog me di cuenta de que él no estaba ni medianamente entusiasmado con la relación conmigo… es más, había varios mensajes claros, manejados (para mi gusto) con muy poco tino… mensajes muy personales. La relación se acabó entonces, por supuesto. Nunca supe por qué en vez de hablar las cosas conmigo, decidió postear mensajes indirectos en un blog público. Me pareció una falta de respeto, y se lo dije. Ahora somos buenos amigos, pero intento no leer su blog.

Es lógico, el blog es un buen recurso no sólo para escribir ideas y reflexionar sobre temas, sino para comunicarse con los demás. Si no, uno no escribiría un blog, sino un diario personal guardado bajo siete llaves. Yo creé el blog muy consciente de eso. También es una herramienta para proyectarse, crearse un personaje, que no necesariamente somos nosotros en esencia, sino como queremos que nos vean. Y, claro, el blog es además una manera de mandar mensajes personales (aunque “vestidos” de generalidades).

Ya me alargué. Pero da para más. ¡Blogueros del mundo, uníos y dad sus comentarios! Tu también, papá.





Amor de cine

12 05 2008

Me tomaba un capuchino sola y buscaba en La Jornada la cartelera de los cines. Era sábado, había terminado de hacer unas compras y la tarde estaba perfecta para ver una peli. De pronto, oí una voz masculina con acento sudamericano (¿uruguayo?, ¿argentino?): “¿Me vendés un expreso doble cortado?” pedía la voz a la chica del café.

Claro, volteé, porque generalmente los chicos argentinos y uruguayos son lindos, y porque, de alguna manera, siempre me emociono cuando oigo acentos que me transportan a Sudamérica… es como un sentido de pertenencia… (ahora que me pongo a pensar, un sentido de pertenencia bastante tonto, porque los ecuatorianos nos parecemos a los del Cono Sur tanto o menos que a los mexicanos…).

Y ahí estaba, un chico lindo (¡lógico!) de mi edad, de esos que me gustan, con facha de intelectual o artista desmadroso de izquierda (el patrón, ¡dios mío!) , que bajó la mirada y se puso a tomar su café. Yo también me dediqué a lo mío: escoger la peli que iría a ver.

En eso se acercó:

-Disculpá, pero ¿me prestarías el periódico? Quiero ver la cartelera de los cines.

- Sí, claro, en esas estaba yo también.

- ¿Y ya elegiste la peli que vas a ver?

- Sí.

- ¿Y qué vas a ver?

Le conté que quería ver la de Reygadas (él no sabía quién era, mmmmm) y le expliqué de qué se trataba la peli. “Suena muy bien”, dijo él, me sonrió, dio varios sorbos a su café, y siguió leyendo el periódico.

En este punto quiero aclarar que yo soy tímida, tímida… a veces exageradamente. Pero ese día, estaba en la onda de “me vale madres” y “no tengo nada que perder”. Así que me lancé:

- ¿Quisieras ir conmigo a verla?

El chico pseudouruguayoargentino se sorprendió. “Por supuesto”, respondió, muy sonriente. “Pero tenemos que irnos ya –le dije, dando el último sorbo al capuchino– porque empieza en 15 minutos. Hay que correr”.

Dejó su café en la mesa y salimos corriendo por las calles empedradas de San Ángel. Nos tomamos de la mano para cruzar la avenida y pedimos un taxi. El corazón me latía fuerte. Apenas podía verlo a los ojos. Durante el trayecto, lo único que hicimos fue reír con risilla nerviosa y hablar del tráfico loco de la ciudad de México.

Llegamos al cine justo al momento de empezar la película. Nos sentamos, se apagaron las luces. Desde el primer instante, Luz Silenciosa nos embujó a ambos. Durante la proyección, seguimos tomados de la mano, viéndonos sonreír y llorar a cada tanto. Muy cerquita el uno del otro.

Justo en los créditos, 136 minutos después, él se acercó a mí y me dijo al oído: “por cierto, me llamo Marcelo, y soy uruguayo”. “Yo me llamo María Fernanda, y soy ecuatoriana”, le susurré. Reímos, agarrando bien fuerte la mano del otro.





Demagogia

5 05 2008

“Eres la mujer de mi vida”, me dijo, mirándome con los ojos llenos de promesas.

Luego, se despidió con un beso largo.

Nunca más lo volví a ver.

Ahora entiendo por qué se dedicó a la política.





Maripositas 2

3 05 2008

Estoy en Morelos, no tan lejos pero sí de la ciudad, me vine a descansar con E. Algo que no hacía hace mucho tiempo. Ya ni sabía qué significaba eso, descansar. No hacer nada, estar con él y quererlo y olerlo a mi antojo, y tocar su panza y morder sus pies y admirarlo. Ser feliz sólo mirándolo.

Hoy, mientras estaba tirada al sol y veía a mi hijo, me acordé que hace poco alguien me dijo que no sentía maripositas por mí. Que él estaba en busca de una mujer que le hiciera sentir maripositas. Que estaba seguro de que no era yo.

Después del golpe a mi ego que me produjo semejante declaración, me puse a pensar cuántas veces yo había sentido maripositas por un hombre. Claro, sin contar las múltiples maripositas que uno siente en la adolescencia. Creo que han sido pocas veces. La mayoría de ellas sin ninguna trascendencia. La sensación inicial de maripositas se diluyó cuando conocí más a fondo al hombre en cuestión, y cuando vi que más allá de la atracción química tan poderosa, no había nada para construir una relación. Fue lo que los gringos llaman “infatuation“, enamoramiento, esa pasión que hace perder los sentidos por unos instantes. Se siente increíble, es verdad, pero es sumamente etérea, momentánea, frágil.

La última vez, sin embargo, sentí un tipo diferente de maripositas. Esas llegaron y se quedaron. Se instalaron en mi panza y creo que no se van a ir jamás. Aún revolotean cuando veo a E mirarme y sonreírme y decirme “Mamá, te quiero”. Esas maripositas son en las únicas en las que, por lo pronto, creo.





Maripositas 1

3 05 2008

Dice que no siente mariposas conmigo y que él está seguro de que los grandes amores deben empezar por ahí, por mariposas en el estómago. Que él se merece sentirse así y que no va a conformarse con menos. Dice que está seguro que yo no soy la mujer que busca, pero que le gusta estar conmigo, que la pasa increíble, que le gusto y que por qué no pasamos el tiempo hasta que cada quien encuentre el gran amor que está buscando.

Yo digo que yo tampoco quiero conformarme, y que no merezco ir tomada de la mano de alguien que está buscando su gran amor y que no quiere ni siquiera considerar la idea de que yo puedo serlo.





Féminas

2 05 2008

Hay momentos en que simplemente una se harta de todo el rollo de las citas, de salir y conocer hombres. De emocionarse y desemocionarse en pocas horas. Qué hueva me dan.

Una buena amiga, que se separó más o menos en la misma época que yo, me dijo el otro día: “Ojalá me gustaran las mujeres”.

Amén, como diría otro amigo bloguero.





psicoanálisis

30 04 2008

Dice mi psicoanalista que yo escojo mal. Que mi patrón de hombres siempre es el mismo. Que me encantan los bohemios, los artistas, los cineastas, los librepensadores atribulados, desmadrosos, izquierdosos, desordenados y algo infantiles. Que es por mi forma de elegir a los hombres que me va tan mal. Que en el fondo, yo soy exactamente como ellos. Y que, al igual que ellos, soy intensa, pero le huyo al compromiso. Que si apareciera un hombre hecho y derecho que me propusiera una relación formal, yo saliera huyendo como lo hacen ellos.

Y sí. Qué decir ante semejante análisis. Sólo pensar en que me dan muchísima hueva los hombres “hechos y derechos” y que prefiero seguir con el patrón, aunque eso implique continuar pagando 650 pesos a la semana en terapias que, obviamente, no me han dado resultado.