Una escuela para E

31 05 2008

Desde hace algunas semanas estoy buscándole escuela a E. Es una emergencia. Decidimos que ya se aburrió del Montessori y que necesita un nuevo ambiente con más retos.

Hay que encontrarle una escuela máximo la próxima semana. Toda una odisea en una ciudad como México.

Me conseguí la Guía Chilango de las 40 mejores escuelas del DF y así empecé la búsqueda. De entrada, descarté todas las escuelas religiosas, las que son muy lejos de aquí y las que tienen aires elitistas o discriminativos.

Me quedé con ocho escuelas. El papá de E y yo empezamos a llamar y a visitarlas.

En una de las tres mejores escuelas del DF, nos dijeron: “Aquí E llegará a ser una persona muy competitiva, que logrará todo lo que se proponga. Tendrá pase automático al Tec de Monterrey y a las universidades de Estados Unidos. Estará al mando y será líder”.

Gracias, pero no.

En otra, cerca de casa, en el ranking de las 10 mejores escuelas del DF, nos invitaron a ponernos de pie, a tomarnos de la mano de los otros padres y a cantar Color esperanza de Diego Torres, haciendo una coreografía que ni en los peores tiempos de Menudo. Yo estaba indignada, (y avergonzada, porque soy super descoordinada con las coreografías y esas cosas… mientras todo el mundo va a la derecha, yo voy a la izquierda). Después nos hablaron de lo bonito que es el mundo, de que los niños son el futuro, de la unión familiar y de los valores.

Gracias, pero no.

Fuimos a otras. Que el inglés al 100% para que estén preparados para este mundo globalizado (sí, muy bien… y el español, ¿cuándo lo aprenden?), que la computación, para que estén preparados para este mundo globalizado; que el mandarín, porque será el idioma del futuro; que la capoeira y los bailes de salón, que el ajedrez y la música, para que estén preparados para este mundo globalizado… uffff.

La semana pasada, ya bastante hartos de buscar, llegamos a una escuelita activa cerca de casa, donde los niños tenían una charla con un luchador… sí, con uno con capa y máscara y con el pecho al descubierto.

Ellos entrevistaban al personaje y habían preparado dibujos, títeres y máscaras alusivas al tema. Eran niños felices, muy inquietos y seguros de sí mismos, con el pelo largo y con las manos llenas de pintura. Una vez al mes, nos dicen, los niños salen a trabajar con los campesinos y les ayudan en sus tareas cotidianas. Investigan en la calle, hacen asambleas y exponen temas que ellos mismos eligen.

Creo que al fin encontramos una escuela para E.





Corregido y aumentado

29 05 2008

Mi cumpleaños No. 4: niños jugando y corriendo, rompiendo ollas encantadas (piñatas de barro) y comiendo el delicioso pastel que hacía mi abuelita. ¿Dónde estaba yo? En una cama con 40 grados de fiebre.

Mi cumpleaños No. 5: niños jugado y corriendo, rompiendo ollas encantadas y comiendo pastel de la abuelita. Yo: vomitando en el baño.

Mi cumpleaños No. 6: niños jugando y corriendo, rompiendo ollas encantadas y comiendo pastel de la abuelita. Yo: encerrada en mi cuarto, con dolor de barriga.

Cuando pienso en la niña ensimismada y freak que era yo a la edad de mi hijo, cuando me acuerdo de cómo me ponía cuando estaba con mucha gente a mi alrededor, agradezco a la vida que E sea un niño adaptable, que logre socializar muy bien (los genes del padre, supongo) y que sea alegre y despierto.

También agradezco que haya sacado las cosas mías que sí me gustan. El buen humor, por ejemplo, la curiosidad científica, la sensibilidad. Y mis pies, mis manos grandes, mis dedos meñiques torcidos (la marca de la familia), mis orejas como antenas parabólicas, mi lunar en el pecho y mis ojos.





Edipo

20 05 2008

Diálogo entre E y su mamá en el supermercado.

-¿Mamá, sabes qué es lo que quiero ser cuando sea grande? ¡Quiero ser un papá!

- ¿Cómo que un papá?

- Sí, mamá, quiero tener un hijo.

- ¿Y qué vas a hacer con un hijo?

- Voy a jugar con él. También voy a darle de comer las cosas que le gusten. Le voy a dar sándwiches de atún, su leche y muchos chocolates.

- Jajajaja, suena a que vas a ser un buen papá. ¿Y con quién vas a tener el hijo? ¿Vas a tener una novia o una esposa que vaya a ser su mamá?

- Mmmmmmm… No sé… Creo que la mamá de mi hijo debes ser tú. Tú eres una buena mamá y sabes hacer sándwiches de atún muy ricos.





Un día sin hijo

6 05 2008

El otro día Plaqueta en su blog decía que le encantaba ir al cine sola. De verdad que la envidio. Yo ODIO ir al cine sola. He tenido que acostumbrarme por las circunstancias. El cine me encanta y si no fuera sola no vería demasiadas pelis en mi vida. Termino disfrutándolo y todo, pero no hay nada como ir acompañada y comer palomitas y pasitas con chocolate (especialmente en la Cineteca… son parte de la tradición iniciada en la UAM años ha) y tomar té Lipton y acurrucarse y hasta hacerse piojito o masajitos en los pies.

Hoy martes, como la mayoría de martes, mi hijo se va con su papá. Es mi día esperado. No es que sea una madre desamorada ni mucho menos, es que coño cómo me hace falta tener unas horas para hacer lo que a mi me dé la gana. No digo días. UNAS HORAS. Hay momentos en que cuando estoy con E me pregunto “¿habrá un día que pueda entrar al baño a hacer pipí sin interrupciones, ni gritos de mamá qué haces, mamá dónde estás, mamá por qué estas en el baño, mamá ven, mamá estás haciendo pipí?” ¡Dios mío, qué agobio!

Así que hoy, martes de mayo, día sin hijo, ir al cine se impone. Nadie puede. Tengo una bola de amigos amargados y ocupados que jamás pueden ir al cine los martes y que cuando les llamo ponen cara de “Estás loca o qué. Hoy es martes! Hoy se TRABAJA”. Así que valor, iré al cine sola para aprovechar mi día libre y para no quedarme encerrada en la casa viendo la mediocre tele de los martes (si fuera lunes vería Greys Anatomy y ahí sí no saldría ni a la esquina).

Ya les contaré cómo me fue.





Maripositas 2

3 05 2008

Estoy en Morelos, no tan lejos pero sí de la ciudad, me vine a descansar con E. Algo que no hacía hace mucho tiempo. Ya ni sabía qué significaba eso, descansar. No hacer nada, estar con él y quererlo y olerlo a mi antojo, y tocar su panza y morder sus pies y admirarlo. Ser feliz sólo mirándolo.

Hoy, mientras estaba tirada al sol y veía a mi hijo, me acordé que hace poco alguien me dijo que no sentía maripositas por mí. Que él estaba en busca de una mujer que le hiciera sentir maripositas. Que estaba seguro de que no era yo.

Después del golpe a mi ego que me produjo semejante declaración, me puse a pensar cuántas veces yo había sentido maripositas por un hombre. Claro, sin contar las múltiples maripositas que uno siente en la adolescencia. Creo que han sido pocas veces. La mayoría de ellas sin ninguna trascendencia. La sensación inicial de maripositas se diluyó cuando conocí más a fondo al hombre en cuestión, y cuando vi que más allá de la atracción química tan poderosa, no había nada para construir una relación. Fue lo que los gringos llaman “infatuation“, enamoramiento, esa pasión que hace perder los sentidos por unos instantes. Se siente increíble, es verdad, pero es sumamente etérea, momentánea, frágil.

La última vez, sin embargo, sentí un tipo diferente de maripositas. Esas llegaron y se quedaron. Se instalaron en mi panza y creo que no se van a ir jamás. Aún revolotean cuando veo a E mirarme y sonreírme y decirme “Mamá, te quiero”. Esas maripositas son en las únicas en las que, por lo pronto, creo.





Feliz

27 04 2008

Se llama Feliz porque así le puso mi hijo (E, de 4 años). Es un pez beta un tanto aburrido, como todos los peces que terminan siendo mascotas. Mi hijo no le “paraba mucha bola” como decimos en el Ecuador cuando alguien no hace caso a otro alguien. Pero de repente, un día, llegó de la escuelita con una tremenda preocupación por su pez.

–¿Se va a morir?, me preguntó.

–¿Pero por qué preguntas eso?, le dije.

–Porque mi amigo Diego dice que se va a morir.

–¿Y qué sabe tu amigo Diego?

–Diego sabe muchas cosas, mamá. Diego dice que el pez se va a morir porque va a cumplir su ciclo de vida.

–Pues dile a Diego que no se preocupe por tu pez, porque no se va a morir.

–¿No se va a morir nunca?

–Por lo pronto, no se va a morir.

A E se le iluminó la cara. No escuchó el “por lo pronto” de su mamá. “¡Mi pez nunca jamás se va a morir!” repitió, emocionado.

Lo cierto es que desde ese día, llego directo a ver si Feliz sigue nadando y respirando en su pecera redonda.