
Siempre que pienso en mi divorcio me acuerdo de la canción Ruido de Joaquín Sabina. Creo que es la mejor descripción de cómo se siente uno al divorciarse, ese “ruido de tijeras, ruido de escaleras que se acaban por bajar (…) ruido de abogados, ruido compartido…” Y lo que más me gusta: “Y al final números rojos en la cuenta del olvido”.
Yo ya quiero ponerle fin a todo este tema del divorcio y justo cuando todo parece estar mejor, cuando mi ex y yo supuestamente mantenemos una relación civilizada (para muestra, este post), cuando creemos que podemos divorciarnos sin hacer mucho ruido y quedar como amigos, empiezan los problemas, las discusiones por la plata, las recriminaciones por lo que uno hizo y otro dejó de hacer.
Eso de la plata es lo peor. Siento a veces que estamos tratando de hacer de la vida de nuestro hijo una rebaja de verano, una puja interminable sobre quién da más (lo peor, en este caso: quién da menos).
Estoy agotada con tanto ruido. Demasiado ruido.



Sin pelos en la lengua: