En busca de un hogar

31 03 2011
Hay cientos de miles de perros y gatos callejeros en México D.F. Todos viven diariamente el maltrato de la gente. Este albergue acoge a los que puede, pero necesita mucha ayuda para poder continuar su labor. Conoce su historia aquí.




Parachicos en las calles de Chiapa de Corzo

27 03 2011
El paso de los parachicos por las calles de Chiapa de Corzo, el pasado enero de 2011.




El significado de las piedras 1

10 09 2009

Marisol, mujer negra del Valle del Chota en el Ecuador, trabaja como empleada doméstica. Vive en Quito, en la zona de Atucucho, con su hijita Yolanda, apenas un poco mayor que mi hijo E.

Desde hace días que notamos a Marisol muy preocupada. Anda distraída, se le quema la comida, se olvida la puerta de la casa abierta, llora por los rincones.

Mi tía se acerca y le pregunta qué le pasa. Marisol duda, no sabe si contestar. Mi tía insiste.

– Es que estoy angustiada, niña, por la Yolandita. Le caen piedras en la cabeza.

-¿Cómo que le caen piedras en la cabeza?

-Sí, niña, apenas sale de la casa, va caminando, y por donde esté le caen piedras en la cabeza.

-Pero cómo, ¿alguien le tira piedras?

-No niña. Le caen del cielo.

Mi tía, acostumbrada a oír historias increíbles, sabe que Marisol dice la verdad.

«Niña, no sé qué hacer. Los amiguitos de Yolanda ya no quieren jugar con ella, porque cuando se acercan, también les caen piedras a ellos. Y ayer me llamó la directora de la escuela. Quieren expulsar a la niña porque apenas sale al patio en hora de recreo, empiezan a llover piedras».  Intentando proteger a la niña, Marisol ya le había comprado un paraguas muy grande, pero era en vano, las piedras caían y lastimaban a la niña y a quien estuviera cerca.

«Debes llevarlo donde un shaman», aconseja mi tía. Esto no es cosa que podamos resolver nosotros.

Y así fue como Marisol lleva a Yolandita donde un shaman Achuar, famoso en todo el país, que está de paso por Quito.

«Las piedras son siempre una forma de llamar la atención de los espíritus», dice el shaman. «Ellos quieren que la niña se dé cuenta de algo. Quizás del poder que tiene en su interior. Quizás esté destinada a ser ella misma una shaman». Ante los ruegos de Marisol, el shaman limpia a la niña con hierbas, humo y trago. Desde entonces, a Yolandita no le han vuelto a llover piedras, pero el shaman sabe que la niña tiene un destino marcado.

Anuncio publicitario




Ya volví

8 06 2009

Casi un año después, he vuelto a mi blog. Lo extrañaba. Pensé borrarlo, pero lo releí y me gustó. Así que sigo. Cómo ha cambiado todo y cómo nada ha cambiado. Ya les contaré.





Ruido

25 08 2008

Siempre que pienso en mi divorcio me acuerdo de la canción Ruido de Joaquín Sabina. Creo que es la mejor descripción de cómo se siente uno al divorciarse, ese «ruido de tijeras, ruido de escaleras que se acaban por bajar (…) ruido de abogados, ruido compartido…» Y lo que más me gusta: «Y al final números rojos en la cuenta del olvido».

Yo ya quiero ponerle fin a todo este tema del divorcio y justo cuando todo parece estar mejor, cuando mi ex y yo supuestamente mantenemos una relación civilizada (para muestra, este post), cuando creemos que podemos divorciarnos sin hacer mucho ruido y quedar como amigos, empiezan los problemas, las discusiones por la plata, las recriminaciones por lo que uno hizo y otro dejó de hacer.

Eso de la plata es lo peor. Siento a veces que estamos tratando de hacer de la vida de nuestro hijo una rebaja de verano, una puja interminable sobre quién da más (lo peor, en este caso: quién da menos).

Estoy agotada con tanto ruido. Demasiado ruido.





Delicias de oficina

22 08 2008

¡Ah! ¡Qué maravilla es trabajar en una oficina! Nunca pensé que lo diría, pero es la pura verdad.

Yo había jurado que mi vida de freelance no terminaría jamás, que era la mejor vida a la que podía aspirar. En los tiempos del mi freelanceo, no hace mucho, cuando trabajaba como editora haciendo libros por encargo, llegaba a mi casa, luego de dejar en la escuela a mi hijo, con La Jornada bajo el brazo, me hacía un café con leche al estilo ecuatoriano, me comía mis dos panes con mermelada y mantequilla y mi jugo de naranja, y leía el periódico hasta como las 12 de la manaña. Después arreglaba la casa, hacía collares, chateaba en el MSN con cuanto familiar y amigo encontraba, conversaba por Skype con los cuates. Luego pasaba la tarde con mi hijo, iba al parque, seguía chateando, seguía skypeando, y después de las 10 pm, cuando había silencio y tranquilidad, me ponía a chambear como hasta las 2 o 3 de la mañana. ¿Envidiable? Sí, sí lo era. Al menos para mí era la vida perfecta.

¿O no? Esa maravilla de trabajar freelance desde la casa también tenía puntos en contra que yo me negaba a reconocer: esa incomodidad cuando no había chamba, esa inseguridad de no tener el cheque mensual, ese dolor de cabeza que significaba tener que perseguir a los clientes para que paguen. Una vaina. Pero había un «pero» mucho más enorme que mi amigo Manuel me repetía sin descanso (me da escalofríos pensar lo bien que él me conoce): Estás muy encerrada, no tienes vida fuera de tu casa. Te estás volviendo una antisocial. Tu vida está enfermándote.

Yo no lo creía.

Y así, mi amigo Manuel estaba tan preocupado que se enfocó en conseguirme chamba, una chamba que me obligara a salir de mi burbuja. Se lo propuso y lo logró. El primer día del Año de la Rata empecé a trabajar en el Festival de México en el Centro Histórico, en el cargo que hoy tengo.

Ahora, tengo un horario de oficina, debo marcar la hora de llegada, me descuentan un día de salario si llego tarde. Mi oficina no tiene ventana, es un hueco al final de un pasillo y junto al baño de hombres, con luz blanca de neón y muebles pintados de gris.

Sin embargo, me encanta trabajar con gente a mi alrededor. Soy feliz oyendo los chismes de las secretarias, o conversando con los mensajeros. Soy feliz cuando Hugo, mi guapo y querido asistente, me trae mi café todas las mañanas con una sonrisa. Soy enormemente dichosa cuando participo en las rifas «sólo de chicas» para ganarme un estuche de cosméticos con un valor de 2 mil pesos, o cuando las secretarias me venden ropa interior por catálogo, y soy feliz los viernes que, como hoy, hay sopes para compartir entre todos.

Mi amigo Manuel tenía razón. Hoy, en mi oficina con luces de neón y sin ventanas, me siento una nueva persona, una que salió de su burbuja y se puso en contacto con el mundo.





888

19 08 2008

El 8 de agosto de 2008, 8.8.8, cumplí 38 años. Fue un gran día, con número esotérico incluido, meditaciones planetarias, peregrinaciones a Teotihuacan, apertura del portal de Orión, matrimonios masivos en Rusia e inauguración de las Olimpiadas.

Para mi, el 888 fue el símbolo de un año increíble. Año de nuevo trabajo, el trabajo de mis sueños a pesar de algunos negritos en el arroz, año de nueva pareja, año de nuevos amigos, de nueva vida. Año de dejar atrás muchas cosas. Ahora, a los 38, puedo decirlo, me siento realizada.

Salud por el 888.





Mi psicoanalista

31 07 2008

Desde hace algunos días he estado pensando en mi psicoanalista. Dejé de ir con él hace algunos meses, porque pensé que ya no lo necesitaba. Cuando fui a decirle que no volvería, él me quedó mirando muy serio, casi dolido, decepcionado: «Me vas a extrañar -me dijo- pero no te preocupes, que cuando veas que te hago falta, puedes volverme a buscar. Aqui estaré». Su frase de despedida me sonó a la de un amante dolido.

Pasaron meses de paz interior y de creer que ya había superado mis neurosis, mis obsesiones, mis depresiones y mis fobias, cuando hace algunos días ¡zas! el rostro de mi psicoanalista se me vino a la mente. «¿Qué diría él de esto que hice/dije/sentí hoy?», empecé a pensar frecuentemente.

Y fue tan sólo la semana pasada cuando decidí regresar a mis sesiones semanales con él. ¿Qué son 3500 pesos mensuales a cambio de mi sanidad mental?

Estaba, incluso, emocionada de volver a verlo, de contarle tantísimas cosas, de ponerle al tanto de mi vida, tan distinta a la que él conoció el año pasado. Estaba muerta de la curiosidad de ver sus reacciones y de oir sus conclusiones.

Hoy le llamé a su oficina y nadie me contestó. Le hablé a su cel y le dejé recado. Sabía que me devolvería la llamada de inmediato. Sabía, además, que estaría contento de recibirme de nuevo y que hasta me diria «¿Ya ves? Te dije que regresarías».

Me acabo de enterar que hace una semana se murió en un accidente absurdo cuando regresaba de Acapulco. Lo aplastó un carguero lleno de sandías en plena Autopista del Sol.

Hoy siento un vacío enorme. Sigo viendo su cara, escuchando sus frases ácidas, y pensando qué me diría si estuviera en su sillón y si le contara esto. Qué me aconsejaría para poder afrontar el duelo.





Equilibristas

13 07 2008

Nos despertamos temprano, y vamos por nuestros hijos. Mi ex y su ex viven a media cuadra de distancia el uno del otro. Recogemos a E (casi 5 años) en la esquina, luego a P (un poco más de 6) en la otra esquina. Carlos saluda de lejos a mi ex, yo saludo de lejos a su ex. Luego cargamos maletas, en nuestras respectivas casas (a pocas cuadras la una de la otra) y emprendemos viaje a Tepoztlán.

P ama el pollo y odia la carne. E ama la carne y odia el pollo. El uno no toma leche porque le da una especie de alergia. El otro es un ternero. El uno ama los deportes y el otro prefiere armar máquinas.

A pesar de eso, se llevan bien, E y P. Se tienen paciencia y se cuidan entre ellos. «Si mi papá y tu mamá se casan seremos como hermanos» le dice P a E. «Viviremos todos en la misma casa». Pero aclara: «Eso sí, mi mamá seguirá siendo mi mamá y tu papá seguirá siendo tu papá».

Es curioso. Lo hemos pensado… ¿cómo sería la vida en común? Un poco complicada, seguramente. Dos hijos, dos ex, mantener un ecosistema frágil, hacerla de equilibristas para llegar a acuerdos sobre si comer pollo o carne, si darles leche o soya, si el siguiente fin de semana se van con su papá y mamá o si se quedan con nosotros… y, sobre todo, querer al hijo del otro pero saber que jamás serás su mamá o su papá.





Estadísticas

20 06 2008

Hoy estaba viendo, preocupada, las estadísticas de este blog. En las pasadas semanas tuve un récord de visitas de cientos diariamente. (¡El sexo vende, no hay duda!). Y claro, después de no escribir nada por una semana completa, las visitas se redujeron casi a cero, lo que no me importa demasiado, especialmente porque la culpable soy yo, por no escribir buenos (y nuevos) posts. He perdido mi público.

En todo caso, así y todo, las cifras marcan que existen 2 mil entradas a mi blog en estos dos meses de su existencia. De esas, estoy segura que más de la mitad serán de mi familia (¡gracias, papá!) y mis amigos más fieles que quieren enterarse en qué ando.

Entre las estadísticas, siempre veo con curiosidad un dato: «Palabras por las que ha encontrado la gente tu blog». Y hoy me reí mucho porque resulta que en estos últimos dos días la gente llegó a mi blog tras tipear: «Libro de María Fernanda sobre sexo», «¿Quiénes han sido novios de maría fernanda?» y «Clases de geografía estilo montessori». Me pongo a pensar… ¿qué pasará cuando llegan aquí? ¿Se decepcionarán? ¿Habrán personas que se queden y se conviertan en fans?

En fin, son los misterios del Internet. Aún me sorprendo de que algo que yo escribo pueda ser leído por desconocidos en el ciberespacio. A mí me encanta que suceda.