Cayambe

9 05 2008

Resulta que últimamente me ha entrado tal nostalgia por el paisaje ecuatoriano que de plano me ando llevando mi librito de Anhalzer de “La avenida de los volcanes” a todos lados y lo abro cuando nadie me ve en la oficina, en el metro y por doquier. Cuando puedo también lo muestro orgullosa a quien pregunta. “Aquí está Quito” digo yo, “aquí está Cayambe”, y así.

Es bien sabido que todo andino que se precie tiene en su corazoncito la imagen de las montañas nevadas y del páramo. Yo, que me crié literalemente a las faldas del volcán Cayambe, donde mi familia tiene una hacienda (antes enorme, hoy pequeñita) ganadera, tengo en las retinas a esa montaña blanca y a ese paisaje.

Cuando voy al Ecuador, no puedo dejar de ir allí. Es el único lugar que siento que es mi casa, el espacio que me tranquiliza, que me da energías y fuerzas para seguir.

Hoy quisiera estar ahí y en ningún otro lugar en el mundo.

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